Hablar en primera persona siempre fue una de las enfermedades que nos llevaron, terminales y arrepentidos, a elevar plegarias con nuestras gargantas tísicas de tanto trajín a ese dios que nunca volteó a mirarnos agradado. Con las manos juntas y las rodillas raspadas íbamos asomándonos al abismo a la vez para no tener que llorar al otro en caso tal de que sucumbiera ante tal inmensidad. Estábamos en el fin del mundo y aún así nos reíamos de todo lo que estaba pasando alrededor solo por no perder la costumbre que llevamos durante todo el trayecto, y que finalmente, era la culpable de que estuviéramos allí. Nos perdimos sólo una vez, cuando en medio del camino encontramos un problema para contar la historia, no nos entendimos, hablamos por nosotros –tú por ti y yo por mí – y aún sabiéndonos en el error, seguimos haciéndolo motivados por esa vanidad y orgullo que se nos derrama a borbotones cuando alguno de nosotros se siente con el control de la situación.
Nos equivocamos. Ninguno de nosotros podía siquiera pretender tener el control de la situación. No hay control, y de eso se trataba; se trataba de retarnos –tú conmigo y yo contigo, nosotros – de llegar hasta donde nadie nunca había llegado, hasta la cima más alta escalada por alguien en todos los tiempos. Exhaustos, nos rehuimos a arrecular frente a las circunstancias que nos iban intimidando. Llegamos, sí, pero nos sentimos más nimios que nunca.
Lo logramos, no importó cómo fue que contamos la historia, llegamos hasta donde nadie ha logrado pensar, nos pasamos a dios sin tener el control porque él, aborregado, se sabe como una invención de alguien que sí tiene carne y hueso. Nunca importó cómo fue que contamos la historia, lo que importó fue que la tortura la soportamos juntos; y que aunque queramos –tú para ti y yo para mí – hablar en primera persona, tu historia y la mía son la misma. Caminamos juntos y fuimos lo mismo: huesos cubiertos por carne que fueron capaces de despertar la envidia de dios sin saber lo que estaban haciendo.
Luego, sucumbimos satisfechos ante el abismo.
domingo, 27 de enero de 2013
viernes, 23 de noviembre de 2012
Linda
Ella me pareció una mujer linda. De hecho era tan linda que en el barco de mi vida ella sería el mascarón de proa. Tenía la piel de un color tostado cobrizo, de mirada punzante, extremidades largas y delgadas, y tenía los labios carnosos. ¿Qué más podía pedir? Atravesó el bar para sentarse frente al bartender, pidió una cerveza, cerró los ojos y pareció entrando en trance con la música del lugar. Ella se fue. Seguramente estaba en altamar, o en el pico más alto de la cordillera peruana (¿Peruana? se parecía más a la onda do mar do amor de Caetano Veloso). Bueno. El caso es que no estaba ahí, que se fue. Sí. Con seguridad estaba muy lejos de ahí porque solo abría los ojos cuando iba a tomar otro sorbo de cerveza que poco a poco se había entibiado entre sus manos. O quizá no. Quizá había peleado con su novio y lo único que quería era emborracharse en un bar y cerrar los ojos para que nadie la importunara con regalos anónimos. Muy seguramente se sabía de memoria el diálogo. Hola, vi que tu cerveza se está acabando y vine a traerte otra. Gracias. ¿Te molestaría si me siento a tomármela contigo? Ya sabes, para que no estés tan sola. No, no me molestaría, pero si estoy sola es porque quiero. Con seguridad que conmigo te animas. Me animaría más si no me hablas.
Y tener que pararse, y tener que irse. Mejor cerrar los ojos.
¿Y si esperaba a alguien más? A su novio (¿Tendría novio? Esas chicas siempre tienen novio), o a su otro chico que muy seguramente sería un fotógrafo, o un músico. Un chico más interesante que su novio, quizá que le lleva ganas desde hace rato, pero agh, su novia, su novio, terminar, empezar algo nuevo, caer en la rutina inevitable de las parejas estables; no, mejor así. A hurtadillas de todo el mundo, en un bar que nadie conocido frecuenta, donde el ventilador revuelve el olor a cigarrillo y sudor, donde no suena la música moderna, donde el licor es barato, donde los viejos se duermen sobre la mesa. Sí, nada como la adrenalina de hacer las cosas a escondidas.
Quizá no. Ella no se veía como ese tipo de personas que tienen a alguien más (ese tipo, esa clase, esa carroña, esa especie, esos, ellos, los otros, la chusma). No. Ella tenía que ser sin duda alguna una mujer dedicada a lo que quiere, entregada, sincera, de las que bailan por no caer y ríen para poder vivir. Quizá bailaba, o pintaba, o era actriz, o las tres.
Ya sabía que cantaba boleros, y que le gustaba vestirse de colores pastel, y que tomaba cerveza. Me paré. Me volví a sentar. ¿Qué le iba a decir?
Escribámosle. Digámosle que me la encontré en un bar de mala muerte. Que hoy la luna parece pintada con un crayón amarillo. Que me acordé de ella porque la luna está linda, y que me la imaginé en un bar, con los ojos cerrados. Esperando a un tipo, o deseando estar sola. O esperándome a mí.
Linda. Mais que demais. Você é linda, sim. Onda do mar do amor que bateu em mim. Você é linda, e sabe viver.
Y tener que pararse, y tener que irse. Mejor cerrar los ojos.
¿Y si esperaba a alguien más? A su novio (¿Tendría novio? Esas chicas siempre tienen novio), o a su otro chico que muy seguramente sería un fotógrafo, o un músico. Un chico más interesante que su novio, quizá que le lleva ganas desde hace rato, pero agh, su novia, su novio, terminar, empezar algo nuevo, caer en la rutina inevitable de las parejas estables; no, mejor así. A hurtadillas de todo el mundo, en un bar que nadie conocido frecuenta, donde el ventilador revuelve el olor a cigarrillo y sudor, donde no suena la música moderna, donde el licor es barato, donde los viejos se duermen sobre la mesa. Sí, nada como la adrenalina de hacer las cosas a escondidas.
Quizá no. Ella no se veía como ese tipo de personas que tienen a alguien más (ese tipo, esa clase, esa carroña, esa especie, esos, ellos, los otros, la chusma). No. Ella tenía que ser sin duda alguna una mujer dedicada a lo que quiere, entregada, sincera, de las que bailan por no caer y ríen para poder vivir. Quizá bailaba, o pintaba, o era actriz, o las tres.
Ya sabía que cantaba boleros, y que le gustaba vestirse de colores pastel, y que tomaba cerveza. Me paré. Me volví a sentar. ¿Qué le iba a decir?
Escribámosle. Digámosle que me la encontré en un bar de mala muerte. Que hoy la luna parece pintada con un crayón amarillo. Que me acordé de ella porque la luna está linda, y que me la imaginé en un bar, con los ojos cerrados. Esperando a un tipo, o deseando estar sola. O esperándome a mí.
Linda. Mais que demais. Você é linda, sim. Onda do mar do amor que bateu em mim. Você é linda, e sabe viver.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Calvario
Tú con lo tuyo
y yo con lo mío,
el mundo se nos cae despacito.
se va carcomiendo
cada silencio
que tú callaste,
y que a mi me callaron.
Tú con tu cruz
y yo con la mía
nos encontramos
en esta balacera
de sabernos solos a pesar del ruido
y sabernos juntos
después del diluvio.
Tú tan frente mío y yo tan frente a ti,
en medio de este calvario que nunca merecimos,
conversando sin ningún sonido,
y contándonos
que aún sabiéndonos muertos
tu sonrisa me salva
y que una palabra mía
bastaría para salvarte.
Tú tan Dimas, yo tan Jesús
haciéndonos los desentendidos,
sabiéndonos tan parecidos,
y sintiéndonos tan conocidos;
busco en mi trinchera una certeza,
y me asalta la duda de saber
en medio de aquel silencio
quién fue el crucificado
que se arriesgó a romper el hielo
y yo con lo mío,
el mundo se nos cae despacito.
se va carcomiendo
cada silencio
que tú callaste,
y que a mi me callaron.
Tú con tu cruz
y yo con la mía
nos encontramos
en esta balacera
de sabernos solos a pesar del ruido
y sabernos juntos
después del diluvio.
Tú tan frente mío y yo tan frente a ti,
en medio de este calvario que nunca merecimos,
conversando sin ningún sonido,
y contándonos
que aún sabiéndonos muertos
tu sonrisa me salva
y que una palabra mía
bastaría para salvarte.
Tú tan Dimas, yo tan Jesús
haciéndonos los desentendidos,
sabiéndonos tan parecidos,
y sintiéndonos tan conocidos;
busco en mi trinchera una certeza,
y me asalta la duda de saber
en medio de aquel silencio
quién fue el crucificado
que se arriesgó a romper el hielo
martes, 18 de septiembre de 2012
Imposibles.
Somos imposibles.
Lo digo sin remordimiento alguno, sin certezas, despojado de las consideraciones empíricas y basándome simplemente en la razón.
Desde la razón, somos imposibles. Somos impensables. Inconcebibles.
Por eso hay que sentirlo, sin pensarlo.
Lo digo sin remordimiento alguno, sin certezas, despojado de las consideraciones empíricas y basándome simplemente en la razón.
Desde la razón, somos imposibles. Somos impensables. Inconcebibles.
Por eso hay que sentirlo, sin pensarlo.
jueves, 5 de julio de 2012
Demonios
Se acabaron los tratados,
los auxilios
y los plazos.
Se acabó la tormenta
pero sigue cayendo lluvia,
el día sigue estando gris
y el mar aún sigue agitado.
En este round nos ganaron mis demonios.
Pero esto no es un knockout
porque eso no soy yo,
los auxilios
y los plazos.
Se acabó la tormenta
pero sigue cayendo lluvia,
el día sigue estando gris
y el mar aún sigue agitado.
En este round nos ganaron mis demonios.
Pero esto no es un knockout
porque eso no soy yo,
lunes, 2 de julio de 2012
Casa II
Decía que Casa era una palabra muy larga y compleja, y por eso era que los niños aprendían a decirla casi a la par de cuando aprendían a referirse a sus padres; lo elemental se convierte en complejo cuando se ignora lo obvio, y entonces, comprender por qué los niños le dicen Casa a una ciudad, al hogar de la abuela o al árbol del jardín del vecino parece tener un sentido tan abrumador que trabajos doctorales e investigaciones exhaustivas se quedarían cortas para resolver el alcance de este sustantivo de doble cara: por un lado, está el concepto mutilado y uniformado de las cuatro paredes donde duermes, y por el otro lado se está ese encuentro social, esa experiencia significativa y cálida asociada más a los adjetivos que uno esperaría encontrar en el imaginario de Casa y que termina encontrando en las personas o en los lugares donde se propicia este encuentro, convirtiendo la Casa en un adjetivo que se le puede atribuir a casi todo lo que te haga sentir como lo que te imaginas o deseas que sea Casa.
Casa era una palabra muy grande,quizá la más grande que alguna vez él dijo, porque Amor es una sensación que él sentía hacia muchas cosas: él Amaba el ambiente parisino, las sirenas de las ambulancias y a los vagabundos conversadores, lo decía a diestra y siniestra y no era un Amor distinto al que le podía profesar a su chica o a su madre porque era una sensación tan universal que desembocaba al mismo cauce, que aunque quede corto, se trataba de algo así como un complemento para la paz, la plenitud o el goce hasta el éxtasis; era una sensación que aunque no pueda describir muy bien, el consenso entre las personas es casi absoluto y desde allí que cuando él decía que Amaba algo, le entendían el sentido y casi que sabían ponderar ese Amor frente a otros Amores que suponían él sentía.
Grave error, ponderar sentimientos es como escoger entre azúcar y sal, donde, como cuando preguntan a un niño a cuál de sus padres quiere más, la respuesta más acertada y salomónica es decir que a ambos por igual.
Sin embargo, Casa sí es algo realmente único, y las repercusiones que podían tener eran más grandes que su imaginación misma porque decirle a alguien que lo hacía sentir como en Casa, o darle a un lugar ese adjetivo es como decir que todos sus sueños y sus ilusiones estaban materializadas ahí, era darle vida a los sueños, caminar con ellos y en ellos, conversarlos, conocerlos y dejarse embriagar por ellos hasta que el cuerpo aguantara, y así es que, recordando siempre lo obvio para mantener esa idea de Casa como algo elemental, empezó a predicar y a caminar tirando siempre para el mismo lado: para donde su chica estuviera, para Bushwick Ave. con Moore St., la 32D con 65F y para quién sabe dónde más, pero para eso estaba su brújula, su corazón.
¿Y si fallaba el corazón? habría entonces que deambular por las calles, dando tumbos, moribundo hasta encontrarlo y volver a tomar el rumbo. Recordar que el que busca encuentra, o por lo menos cualquier otra cosa se le atraviesa. Su secreto es mantener lo obvio elemental.
domingo, 17 de junio de 2012
The Nothing Song
Todas esas promesas que retumban en mi cabeza
a medianoche pululan
como lucecitas de la gran ciudad
con una tormenta encima.
que all I
need is love,
God, save
me,
the queen
is already dead.
Que esta fiesta no es privada
pero acá entra quien yo quiero,
el problema viene cuando no sé bailar
y mi pareja no quiere entrar.
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