Los pájaros hacían música mientras ella deshojaba margaritas
Era una tarde mágica, llena de fantasías;
Un árbol, un mantel, un libro y una desconocida
Una unknown, como la artista más versátil y misteriosa.
Dale nena, te podés quedar con el atardecer
Que yo me quedo con vos.
Me he quedado esperando a otras, pero a vos no
Nena unknown, vos sos la excepción
No sos la típica armonía en do mayor,
Sos algo mejor
¿Qué sos? No sé, respondéme vos
Tal vez sea mejor que sigás deshojando margaritas
Mientras yo voy deshojándote a vos.
No me importa tu pasado,
Tampoco preguntés por el mío porque no tengo;
Lo que me importa es lo que el pasado con vos hizo.
No me importa si fue Londres o París, Baires o Medellín,
La ciencia o la politología
Lo que me importa es ésta conversación, ésta canción, éste anis.
Dale, seguí sacándome sonrisitas tácitamente
Mientras yo te regalo palabras en ramillete
Para que así, cuando estés en las calles de Londres o París
Te acordés del libro, el árbol y de mí,
De las margaritas que solías deshojar mientras yo te deshojaba a vos
Del atardecer con el que te quedaste,
Y de que yo me quedé con vos.
viernes, 14 de mayo de 2010
jueves, 19 de noviembre de 2009
Conversando con un Habano
El día que me muera quiero que me quemen con un ramo de claveles rojos en mi pecho y un diente de león en mi mano izquierda, bien vestido, con esa loción que tanto le gustaba a mamá; y que mis cenizas sean lanzadas al aire para que se mezcle entre todo, para que todos me respiren, para que todos tengan un poco de mi tal como yo tengo un poco de todos.Mientras tanto, pensando con un habano en la mano y el humo en mi cara, me doy cuenta que no debí nacer en esta época, que uno de mis deseos es escuchar a Gardel sonando en un elepé mientras me quito el sombrero y leo en el periódico el revuelo que desencadenó la muerte de Gaitán. Sueños, sueños. Deseos lóbregos, oprobios, filáticos.
A mis dieciocho, quiero vestirme con cargaderas, coger mi guitarra e irme en compañía de Amelia a tocar tangos en el centro mientras la gente pasa indiferente, mientras nos escucha el que vende tinto, el que lee poesía urbana y el que embetuna los zapatos, mientras ella conversa con su Malboro, mientras yo cruzo miradas con un par de caras que quiero, mientras los buses pasan, mientras atracan a la señora que estaba parada en la esquina, mientras un par de enamorados se dan un beso al son del bandoneón en medio de la plaza, mientras sigue siendo Medellín.
A mis veintiuno quiero estar con Sofía en lo más alto de la torre Eiffel dándonos un beso por previo acuerdo, viendo los techos parisinos, el viento golpeando nuestras caras; quiero caminar por aquellas calles donde la humanidad se hizo, donde las revoluciones han funcionado, donde la libertad primó, donde los estudiantes hacen huelgas sin tintes terroristas, donde se pensó, donde se lloró, la capital de la humanidad a mi concepto. Quiero ir a Versalles a pasearme por los jardines donde María Antonieta se peinaba y sentir su aura que aún se pasea reclamando lo que le fue arrebatado; Paris, Louvre, Arco del Triunfo, Eiffel, amor, olor a perfumes estilizados que quieren esconder ese aroma a sangre que aún tienen sus calles.
Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos. Estar andando en bicicleta entre los puentes de Ámsterdam, entre el barrio rojo, entre los cafés y la gente; negarme a una proposición indecente de una vendedora de caricias argentina que me estaba mandando sonrisitas coquetas; sentarme con Gloria en el Central Park para ver las hojas amarillas del otoño caer, conocer Barcelona montado en un taxi, andar en una Vespa por todo Roma. Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos.
Mientras tanto, mi único deseo es no volverme a enamorar, conseguirme otro tabaco, que la tarde de mañana sea como la de hoy, que alguien guarde bien mi guitarra cuando ya no esté para tocarla, que el periódico aparezca una esquela mortuoria que diga “requiéscat in pace”, y que mis manuscritos sean la razón por la que me recuerden, porque ellos son lo único que de mí quedará, manuscritos que, como este escrito, no tienen punto final
A mis dieciocho, quiero vestirme con cargaderas, coger mi guitarra e irme en compañía de Amelia a tocar tangos en el centro mientras la gente pasa indiferente, mientras nos escucha el que vende tinto, el que lee poesía urbana y el que embetuna los zapatos, mientras ella conversa con su Malboro, mientras yo cruzo miradas con un par de caras que quiero, mientras los buses pasan, mientras atracan a la señora que estaba parada en la esquina, mientras un par de enamorados se dan un beso al son del bandoneón en medio de la plaza, mientras sigue siendo Medellín.
A mis veintiuno quiero estar con Sofía en lo más alto de la torre Eiffel dándonos un beso por previo acuerdo, viendo los techos parisinos, el viento golpeando nuestras caras; quiero caminar por aquellas calles donde la humanidad se hizo, donde las revoluciones han funcionado, donde la libertad primó, donde los estudiantes hacen huelgas sin tintes terroristas, donde se pensó, donde se lloró, la capital de la humanidad a mi concepto. Quiero ir a Versalles a pasearme por los jardines donde María Antonieta se peinaba y sentir su aura que aún se pasea reclamando lo que le fue arrebatado; Paris, Louvre, Arco del Triunfo, Eiffel, amor, olor a perfumes estilizados que quieren esconder ese aroma a sangre que aún tienen sus calles.
Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos. Estar andando en bicicleta entre los puentes de Ámsterdam, entre el barrio rojo, entre los cafés y la gente; negarme a una proposición indecente de una vendedora de caricias argentina que me estaba mandando sonrisitas coquetas; sentarme con Gloria en el Central Park para ver las hojas amarillas del otoño caer, conocer Barcelona montado en un taxi, andar en una Vespa por todo Roma. Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos.
Mientras tanto, mi único deseo es no volverme a enamorar, conseguirme otro tabaco, que la tarde de mañana sea como la de hoy, que alguien guarde bien mi guitarra cuando ya no esté para tocarla, que el periódico aparezca una esquela mortuoria que diga “requiéscat in pace”, y que mis manuscritos sean la razón por la que me recuerden, porque ellos son lo único que de mí quedará, manuscritos que, como este escrito, no tienen punto final
viernes, 16 de octubre de 2009
Madrugada
Cuando está mal, Pablo escribe constantemente haber si alguien se interesa por preguntar como está, y extrañamente en esta semana ha escrito más de la cuenta… Pablo está perdiendo esa sonrisa que adornaba su rostro y toda esa esperanza que tenía sobre un futuro más llevadero.
Hoy Pablo está solo, olvidado por su falta de seguridad y su angustia, está intentando controlar en vano esas lágrimas que vuelven a brotar después de tanto tiempo y que están cargadas de sueños que el mismo tuvo que romper; no tenía otra opción, prefiere ser triste en una verdad que feliz en una imaginación efímera.
En la habitación solo lo acompañan su lámpara encendida y su soledad, su mejor amiga y su peor traicionera… como música de trasfondo solo está el silencio de la madrugada y el piano de Raúl Di Blasio tocando una de esas melodías que te hacen cerrar los ojos y ponerte a explorar los universos existentes de piel para adentro.
Pablo tuvo una mala noche, se la pasó con sus párpados abiertos mirando a través de la ventana las luces de la ciudad y las estrellas escoltando a la luna menguante en su viaje al occidente, trata de no pensar, quiere no saber para así vivir mejor.
El siempre ha sido solo, pero nunca se acostumbra a ello… y como no hay mujer que le corresponda, Pablo colecciona fotos de mujeres, pero no obscenas sino artísticas, pues el considera que las mujeres son arte y el arte lo satisface más que el coito; los placeres carnales le son indiferentes a Pablo, el se cree racional y los placeres para el alma le son intrínsecos, el es un mal tipo pero con buenos sentimientos.
Su único axioma aplicable es “al gran caballo, grandes espuelas”, que lo tiene presente solo para perderle miedo a los problemas y así darles fin en vez de dejarlos conjugados con gerundios infinitos.
Pablo está mal, y sabe que su llanto no será consolado por nadie más que el mismo, así que por ahora intenta irse a dormir y a que la cobija le reconforte todos esos vacíos del que no ha sido culpable…
Hoy Pablo está solo, olvidado por su falta de seguridad y su angustia, está intentando controlar en vano esas lágrimas que vuelven a brotar después de tanto tiempo y que están cargadas de sueños que el mismo tuvo que romper; no tenía otra opción, prefiere ser triste en una verdad que feliz en una imaginación efímera.
En la habitación solo lo acompañan su lámpara encendida y su soledad, su mejor amiga y su peor traicionera… como música de trasfondo solo está el silencio de la madrugada y el piano de Raúl Di Blasio tocando una de esas melodías que te hacen cerrar los ojos y ponerte a explorar los universos existentes de piel para adentro.
Pablo tuvo una mala noche, se la pasó con sus párpados abiertos mirando a través de la ventana las luces de la ciudad y las estrellas escoltando a la luna menguante en su viaje al occidente, trata de no pensar, quiere no saber para así vivir mejor.
El siempre ha sido solo, pero nunca se acostumbra a ello… y como no hay mujer que le corresponda, Pablo colecciona fotos de mujeres, pero no obscenas sino artísticas, pues el considera que las mujeres son arte y el arte lo satisface más que el coito; los placeres carnales le son indiferentes a Pablo, el se cree racional y los placeres para el alma le son intrínsecos, el es un mal tipo pero con buenos sentimientos.
Su único axioma aplicable es “al gran caballo, grandes espuelas”, que lo tiene presente solo para perderle miedo a los problemas y así darles fin en vez de dejarlos conjugados con gerundios infinitos.
Pablo está mal, y sabe que su llanto no será consolado por nadie más que el mismo, así que por ahora intenta irse a dormir y a que la cobija le reconforte todos esos vacíos del que no ha sido culpable…
sábado, 3 de octubre de 2009
Reconstrucción
Esta ciudad está patas arriba… alcalde con fama de borracho hablando de ley seca, “índices más bajos de delincuencia” y preciso me atracan dos días seguidos, bachi-tontos incompetentes con bolillo fumándose un bareto, un indigente con una camisa de Abercombie, 27ºC por la mañana y 7ºC por la noche, llego a casa y encuentro a un montón de catanos gritando y tomando tequila sin darse cuenta alguna de mi presencia.
Cuando las cosas cambian tan repentinamente, suele acabar la época de la vida en la que me encuentro y empiezo otra nueva. Esta nueva se llamará “Reconstrucción”, ¿por qué? Pues porque ya pasó la “demolición” y se está terminando la “limpieza”; y porque a mi se me da la gana.
Reitero y corrijo: mi vida está patas arriba… hoy por hoy me siento más feo, bruto y mojigato que antes; soy un boludo más denso y contradictorio… y no me importa. Me cansé de los ojos verdes, me cansé de los acordes, me cansé de las letras, me cansé de Gardel, me cansé de tanta mierda y de tanta ausencia de mierda; “las mujeres son unas hijueputas”, así en una semana o dos escriba algo así como que me estoy muriendo por una mujer de cabello oscuro y tez pálida con pequitas, pero me vale mierda, así soy yo y me preocupa más lo que cagó hoy el presidente a si me aceptan como soy o no.
Estoy inseguro, no cuento con nadie, ni siquiera conmigo mismo… Le tengo miedo a la gente y a mi mismo. Me cansé de tanta estridencia, de tantas incógnitas, de tanto no saber que sentir, de tanto pensar en Amelia, su blusa blanca, el olor de su labial en mi cuello, de no poder fiarme en “mis amigos”, de estar tan imperfecto, de sentir tan poco, de tener que volver a empezar desde cero cada aspecto de mi vida, me cansé de no vivir como yo quiera, me cansé de tanto estar sin ser.
Cuando las cosas cambian tan repentinamente, suele acabar la época de la vida en la que me encuentro y empiezo otra nueva. Esta nueva se llamará “Reconstrucción”, ¿por qué? Pues porque ya pasó la “demolición” y se está terminando la “limpieza”; y porque a mi se me da la gana.
Reitero y corrijo: mi vida está patas arriba… hoy por hoy me siento más feo, bruto y mojigato que antes; soy un boludo más denso y contradictorio… y no me importa. Me cansé de los ojos verdes, me cansé de los acordes, me cansé de las letras, me cansé de Gardel, me cansé de tanta mierda y de tanta ausencia de mierda; “las mujeres son unas hijueputas”, así en una semana o dos escriba algo así como que me estoy muriendo por una mujer de cabello oscuro y tez pálida con pequitas, pero me vale mierda, así soy yo y me preocupa más lo que cagó hoy el presidente a si me aceptan como soy o no.
Estoy inseguro, no cuento con nadie, ni siquiera conmigo mismo… Le tengo miedo a la gente y a mi mismo. Me cansé de tanta estridencia, de tantas incógnitas, de tanto no saber que sentir, de tanto pensar en Amelia, su blusa blanca, el olor de su labial en mi cuello, de no poder fiarme en “mis amigos”, de estar tan imperfecto, de sentir tan poco, de tener que volver a empezar desde cero cada aspecto de mi vida, me cansé de no vivir como yo quiera, me cansé de tanto estar sin ser.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Status:
Única vez que lo escribo: estoy solo y me gusta estar solo.
¿Por qué? No pregunte… entre menos sepa más rico vive.
¿Por qué? No pregunte… entre menos sepa más rico vive.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Deseos de un Árbol.
Un parque grande escondido entre edificios bonitos, yo y mi bicicleta preferida pasando por la calle del lado, soledad, puta está tarde y me van a atracar, frío, más soledad, noche, muy de noche, noche densa, calle densa, parque denso, ciudad densa, puta está tarde y me van a atracar.
El parque está bien iluminado… la manga está bien verde… es un parque típico de conquistadores, perfecto para hacer sus vainas ilícitas sin que nadie te joda, la ciudad no contada es más bonita que la que sale en El Colombiano, es mas densa, ciudad densa, puta está tarde y me van a atracar.
Hay una parejita, que cosita tan bonitita, están apoyaditos en el arbolito que está al ladito de aquella piedrita grandecita, se están dando unos besitos, están pasándose babitas, se están dando cariciecitas cariñositas, amorcitos, más amorcitos, un cigarrillito cogidito de la manito de la muchachita enamoradita, una mordidita de labiecitos, una miradita con recelito hacia mi, como desconfiaditos de mi, una sonrisita de mi personita, otro besito, avanzo un poquito en mi bicicletita, nochecita densita, parquecito densito, arbolito densito, piedrita densita, manguita densita, callecita densita, ciudadcita densita, parejita densita, besitos densitos, amorcitos densitos, diminutivitos densitos, putica está tardecito y me van a atracar.
Aquí todo está hecho de amor, de amorcito densito que se derrama por las babitas, por los besitos, por la luna menguante que rompe el cielo y convierte a todo en insignificante, se derrama por aquel árbol testigo de tantas cosas, de tantas personas, de tantos besos, lágrimas, marihuana, navajas, de tantas Medellines que pasan a diario por ahí.
Esos árboles conocen mejor a la ciudad y aunque no sean protagonistas, son los que le dan el drama a los días, los que le pueden dar un aire alegre, triste, bohemio, somero, o simplemente aire que respiramos cuando hacemos esos suspiritos que nos hacen sentir vivos, o menos muertos.
Árboles que conocen niños desde que están en la barriga de sus mamás, que les sirve de escondite cuando trepan sobre sus ramas, que les dan sombra cuando leen sus primeros libros, que los escuchan cuando componen sus primeras canciones, que los cubren cuando fuman sus primeros cigarrillos, que brindan con ellos cuando toman sus primeras cervezas, que son el escenario perfecto cuando dan sus primeros besos, cuando dan sus primeros amores, que sirven de acompañante cuando las soledades y desamores, que son confidentes, y que ven pasar después a sus hijos, sus nietos, su perro…
El árbol es testigo, nosotros nos vamos, ellos se quedan más rato, ellos conocen más gente, ellos viven más, ellos saben más.
Yo quiero un árbol de esos que tengan hojas amarillas, uno con el que me pueda acostar a cantar tangos desgarradores y de corazones rotos, uno que sea alcahueta con mis hijos y no me cuente cuando lleguen borrachos a la casa, uno que me haga compañía y que sea testigo cuando me vuelva a enamorar de alguien que sea capaz de amar a este boludo que lo único que hace es soñar y escribir. Quiero un árbol denso para mi, que me cobije mientras doy besitos densos, mientras escribo poemitas densos, mientas toco acordes densos, mientras digo puta está tarde y me van a atracar, mientras describo situaciones con puros diminutivos, mientas me vuelvo un boludo más denso.
El parque está bien iluminado… la manga está bien verde… es un parque típico de conquistadores, perfecto para hacer sus vainas ilícitas sin que nadie te joda, la ciudad no contada es más bonita que la que sale en El Colombiano, es mas densa, ciudad densa, puta está tarde y me van a atracar.
Hay una parejita, que cosita tan bonitita, están apoyaditos en el arbolito que está al ladito de aquella piedrita grandecita, se están dando unos besitos, están pasándose babitas, se están dando cariciecitas cariñositas, amorcitos, más amorcitos, un cigarrillito cogidito de la manito de la muchachita enamoradita, una mordidita de labiecitos, una miradita con recelito hacia mi, como desconfiaditos de mi, una sonrisita de mi personita, otro besito, avanzo un poquito en mi bicicletita, nochecita densita, parquecito densito, arbolito densito, piedrita densita, manguita densita, callecita densita, ciudadcita densita, parejita densita, besitos densitos, amorcitos densitos, diminutivitos densitos, putica está tardecito y me van a atracar.
Aquí todo está hecho de amor, de amorcito densito que se derrama por las babitas, por los besitos, por la luna menguante que rompe el cielo y convierte a todo en insignificante, se derrama por aquel árbol testigo de tantas cosas, de tantas personas, de tantos besos, lágrimas, marihuana, navajas, de tantas Medellines que pasan a diario por ahí.
Esos árboles conocen mejor a la ciudad y aunque no sean protagonistas, son los que le dan el drama a los días, los que le pueden dar un aire alegre, triste, bohemio, somero, o simplemente aire que respiramos cuando hacemos esos suspiritos que nos hacen sentir vivos, o menos muertos.
Árboles que conocen niños desde que están en la barriga de sus mamás, que les sirve de escondite cuando trepan sobre sus ramas, que les dan sombra cuando leen sus primeros libros, que los escuchan cuando componen sus primeras canciones, que los cubren cuando fuman sus primeros cigarrillos, que brindan con ellos cuando toman sus primeras cervezas, que son el escenario perfecto cuando dan sus primeros besos, cuando dan sus primeros amores, que sirven de acompañante cuando las soledades y desamores, que son confidentes, y que ven pasar después a sus hijos, sus nietos, su perro…
El árbol es testigo, nosotros nos vamos, ellos se quedan más rato, ellos conocen más gente, ellos viven más, ellos saben más.
Yo quiero un árbol de esos que tengan hojas amarillas, uno con el que me pueda acostar a cantar tangos desgarradores y de corazones rotos, uno que sea alcahueta con mis hijos y no me cuente cuando lleguen borrachos a la casa, uno que me haga compañía y que sea testigo cuando me vuelva a enamorar de alguien que sea capaz de amar a este boludo que lo único que hace es soñar y escribir. Quiero un árbol denso para mi, que me cobije mientras doy besitos densos, mientras escribo poemitas densos, mientas toco acordes densos, mientras digo puta está tarde y me van a atracar, mientras describo situaciones con puros diminutivos, mientas me vuelvo un boludo más denso.
martes, 1 de septiembre de 2009
A Amelia...
Todo el mundo está escuchando a aquel papanatas que se para los lunes a las seis y media enfrente de las 40 masas con la misma camisa que veo a diario a explicar un poco de nosequé que tiene que ver con electrones; yo estoy asomado a la ventana, y ese tipo no me molesta porque ya sabe que soy un caso perdido para el. Hoy está haciendo un día bastante extraño, está soleado y mojado, los árboles están más verde de lo normal, el ambiente está mas amarillo de lo normal, el viento está mas frío de lo normal, el lunes está más rutinario de lo normal.
En mis ojos sigue el reflejo de esa frase que llegó de la nada que respiramos, esa frase mas bonita de lo normal, ese "te amo" que creo me tomé mas a pecho de lo que debería y que aún me saca suspiritos diluidos en lágrimas gracias a la mezcolanza de cosas que pasan por mi cabeza cada enésima de segundo. Un nombre prohibido si no quieren verme enervado: Amelia.
Aquí no soy nadie, solo soy un número mas… uno mas que se pone a ver por la ventana como clamando libertad, uno mas que se pone a escribir en el pupitre letras de radio hits cuando se acuerda de aquellas, cuando se acuerda de aquella, cuando se acuerda de Amelia y su sonrisita taima que saca cada que ve un pichirilo. Que puta cárcel tan aburridora, que puta rutina más normal, detesto tanta normalidad, detesto tanto anonimato.
Es por eso mismo que Amelia me llama tanto la atención, por su falta de rutina aparente, porque cada día es para ella una vaina distinta al resto, un mundo distinto a esto, pero con la misma tristeza en sus ojos; porque uno no sabe esa mujer con que va a salir. Ella es la única que me ha unimismado como lo que soy, o como las cosas que estoy planeando ser, o toda esa mierda que pienso a diario sentado en aquella silla dentro del salón con mi mente fuera de el.
No sé lo que digo, no estoy seguro de nada.
Recuerdo la última vez que estuve con ella, fue un ocho de agosto de 2009 que jamás volverá a pasar, ella traía puesto un camisón violeta y un jean simplón, tenía su bolso de cuero bonito en una mano y en la otra ese malboro que nunca deja suelto; estaba sentada en una estatua del parque con su amigo, bueno, nuestro amigo, nuestro Sebastián.
Amelia estaba borrachita y bonita, algo falta de equilibrio y mas cariñosa de lo normal… estaba triste y sonriente, estaba en busca de alguien que se encerrara con ella en un baño de cualquier bar cercano, nada mejor que un buen sexo para ahogar todas las penas.
Si, por eso es que estoy tan colgado de esa nena, por su decadencia bonita que ojala no se consuma pronto, por su facilidad de hacerse querer por todo el mundo, por esa sonrisa que emana tristeza, tristeza bonita.
Porque no hay mejor mundo que en el que estoy cuando tengo mi cabeza sobre sus piernas y ella fuma y me canta La Gente Que Habla Sola mientas me acaricia con una brusquedad casi insoportable; yo soy como el gato de Amelia.
Si, Amelia es veneno y lo sabe, pero creo estoy aprendiendo a manejarla… no sé donde esté, o si esté, o si ya se fue sin despedirse, o si va a cumplir aquella petición de hacerme bonito mi cumpleaños, pero la amo; si Amelia, también te amo.
Yo pienso en vos Amelia, estés en donde estés.
En mis ojos sigue el reflejo de esa frase que llegó de la nada que respiramos, esa frase mas bonita de lo normal, ese "te amo" que creo me tomé mas a pecho de lo que debería y que aún me saca suspiritos diluidos en lágrimas gracias a la mezcolanza de cosas que pasan por mi cabeza cada enésima de segundo. Un nombre prohibido si no quieren verme enervado: Amelia.
Aquí no soy nadie, solo soy un número mas… uno mas que se pone a ver por la ventana como clamando libertad, uno mas que se pone a escribir en el pupitre letras de radio hits cuando se acuerda de aquellas, cuando se acuerda de aquella, cuando se acuerda de Amelia y su sonrisita taima que saca cada que ve un pichirilo. Que puta cárcel tan aburridora, que puta rutina más normal, detesto tanta normalidad, detesto tanto anonimato.
Es por eso mismo que Amelia me llama tanto la atención, por su falta de rutina aparente, porque cada día es para ella una vaina distinta al resto, un mundo distinto a esto, pero con la misma tristeza en sus ojos; porque uno no sabe esa mujer con que va a salir. Ella es la única que me ha unimismado como lo que soy, o como las cosas que estoy planeando ser, o toda esa mierda que pienso a diario sentado en aquella silla dentro del salón con mi mente fuera de el.
No sé lo que digo, no estoy seguro de nada.
Recuerdo la última vez que estuve con ella, fue un ocho de agosto de 2009 que jamás volverá a pasar, ella traía puesto un camisón violeta y un jean simplón, tenía su bolso de cuero bonito en una mano y en la otra ese malboro que nunca deja suelto; estaba sentada en una estatua del parque con su amigo, bueno, nuestro amigo, nuestro Sebastián.
Amelia estaba borrachita y bonita, algo falta de equilibrio y mas cariñosa de lo normal… estaba triste y sonriente, estaba en busca de alguien que se encerrara con ella en un baño de cualquier bar cercano, nada mejor que un buen sexo para ahogar todas las penas.
Si, por eso es que estoy tan colgado de esa nena, por su decadencia bonita que ojala no se consuma pronto, por su facilidad de hacerse querer por todo el mundo, por esa sonrisa que emana tristeza, tristeza bonita.
Porque no hay mejor mundo que en el que estoy cuando tengo mi cabeza sobre sus piernas y ella fuma y me canta La Gente Que Habla Sola mientas me acaricia con una brusquedad casi insoportable; yo soy como el gato de Amelia.
Si, Amelia es veneno y lo sabe, pero creo estoy aprendiendo a manejarla… no sé donde esté, o si esté, o si ya se fue sin despedirse, o si va a cumplir aquella petición de hacerme bonito mi cumpleaños, pero la amo; si Amelia, también te amo.
Yo pienso en vos Amelia, estés en donde estés.
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