lunes, 14 de junio de 2010

Bitácora de Exilio. Junio 14.

"Éste cuarto en el downtown es increíblemente irritante. Es pequeño, la pintura se cae a pedazos, el baño está manchado con fluídos amarillos de dudosa procedencia, las cucarachas abundan y las paredes o son muy delgadas o a la nena de al lado le dan muy duro... o tal vez tenga muchos pulmones.
Acá siempre huele a pegamento para zapatos, a guayabo, a cirrosis, a delirium tremens, a fluidos estancados, a smog, a los gritos del loco de la esquina, a los negocios no lícitos del dealer, al orgasmo de la afortunada de al lado, al sudor, a flores ya marchitas, huele a pueblo.

Yo me siento en el borde de la cama y me digo mierda que día tan para olvidar, italia va perdiendo, no hay agua, el lirio que compré está cada vez más marchito y ya me acabé el libro que estaba leyendo... entonces me acuesto otra vez a pensar en ella porque no hay nada más para hacer. Sus ojos, su cabello como castaño o rojizo, su sonrisa, su espalda... mierda, estoy como hablando de más, ni que nos hubieramos dado un piquito siquiera de curiosidad.
Así, divagando entre pensamientos aleatorios de la vida, la vida de ella, la vida mía y la del que va dentro de la ambulancia me quedo dormido ahí, en la 27 con 33."

sábado, 12 de junio de 2010

Bitácora de Exilio. Junio 12.

"Ésta mañana estuve más alto que las nubes y me siento casi que bajo tierra; que no se note, leí uno de esos libros para gente tonta de Pablo Cohelo.
En el aeropuerto no había nadie esperándome y fui caminando por una ciudad desconocida buscando la casa donde iba a dormir. Me topé con una floristería y compré un par de claveles rojos con un lirio para hacer de esa habitación algo más mio. Llegué, fumé, me bañé y dormí toda la tarde porque las tardes azules son para eso, para dormir mientras los carros me arrullan.
Me desperté ya muy entrada la noche, estaba lloviendo. Me levanté y después de haberle regado cerveza encima quemé mi pasado, ahora sí está bien muerto... deberías hacer lo mismo."

miércoles, 2 de junio de 2010

Andantes Reambulantes

Hay quienes ríen y quienes rezan
Quienes olvidan y quienes lloran…
Quien besa, quien versa, quien rima y quien trova.
Hay quienes caminan y quienes corren
Quienes vuelan, quienes nadan…
Quienes se arrastran, quienes se esconden, quienes se arriesgan y quienes ganan
Hay quienes hablan y quienes gritan
Quien susurra y quien barbulla
Quien vomita, quien habla de más, quien habla lo justo y quien calla.
Hay quienes miran hacia el cielo y extienden sus brazos
Quienes están cabizbajos
Quien mira al suelo, quien mira a los ojos, quien no es capaz y quien no quiere mirar.
Hay quienes anhelan, quienes recuerdan
Quienes se dedican a vivir, a quienes no les importa
Quien vuelve al pasado y a quienes el pasado les pesa.

Hay quienes lo huelen y quienes lo toman
Quien lo fuma y quien se lo inyecta
Quien se lo mete por el ojo, por la boca, por la nariz, por quién sabe donde.
Hay quienes se preguntan y quienes se responden
Quien se indaga, quien se escarba
Quien se embriaga, quien no encuentra y quien por eso se mata
Hay quien quiere querer, quien quiere sin querer
Quien quiere queriendo sin querer y quien quiere sin querer queriendo
Quien se obliga a querer querer y quien se mata porque no lo quieren.

Hay quienes tocan un piano sin teclas y una guitarra sin cuerdas
Quien toca el trombón sin trombón,
Quien hace música con una vasija, con una caja, con la mirada, con frases monosílabas
Hay quien toma cerveza y quien toma champaña
Quien toma shots y quien los derrama
Quien los mezcla, quien toma vino blanco, vino tinto y quien sólo se toma un tintico.
Y ahí, entre quienes están y quienes no saben si están
Estas vos, estoy yo, andantes reambulantes…
Intentando encontrar lo que no se debe buscar, tentando al destino, adelantando el tiempo para devolverlo y no perderlo,
Cambiando el mundo, cambiando mi mundo y cambiando tu mundo sin siquiera cambiarnos todavía.

viernes, 21 de mayo de 2010

miércoles, 19 de mayo de 2010

El Mejor Secreto No Contado

Seamos el secreto no contado,
Caminemos con contactos tímidos de nuestras manos mientras las sonrisas brotan;
La noche que nos esconde siendo testigo alcahueta está de acuerdo
Hagamos de éstas calles una fiesta.

No entremos al teatro, no hace falta, el arte está es acá afuera
No hace falta más que un par de murmullos, un tema, una confesión,
Un abrazo, una miradita tímida, un parque, un sorbito de alcohol,
Una confianza, un atrevido, un besito y una miradita delicadita.

Hacéme ése favor, mirá que llevo letargo muchas noches
Mirá que éste efecto narcótico no es normal en mí,
Ésta obsesión de mirarte la cara, de pensar poemas para decirte entredientes
Mirá que hasta en mis sueños vos estás ahí.

Te he soñado y esperado, encontrado, topado por mero juego de aleatorios,
Ahora dejá que éste soberano boludo te lleve a casa y te confíe sus más oscuras pesadillas,
Dejá que te llame por mil apodos y te pinte ese éter en blanco y negro tan melancólico como esperanzador,
Dejá que te tome fotografías con un lapicero en una hoja a rayas
Y hagámos a éste secreto no contado, el mejor secreto no contado.

viernes, 14 de mayo de 2010

Deshojarte

Los pájaros hacían música mientras ella deshojaba margaritas
Era una tarde mágica, llena de fantasías;
Un árbol, un mantel, un libro y una desconocida
Una unknown, como la artista más versátil y misteriosa.
Dale nena, te podés quedar con el atardecer
Que yo me quedo con vos.

Me he quedado esperando a otras, pero a vos no
Nena unknown, vos sos la excepción
No sos la típica armonía en do mayor,
Sos algo mejor
¿Qué sos? No sé, respondéme vos
Tal vez sea mejor que sigás deshojando margaritas
Mientras yo voy deshojándote a vos.

No me importa tu pasado,
Tampoco preguntés por el mío porque no tengo;
Lo que me importa es lo que el pasado con vos hizo.
No me importa si fue Londres o París, Baires o Medellín,
La ciencia o la politología
Lo que me importa es ésta conversación, ésta canción, éste anis.

Dale, seguí sacándome sonrisitas tácitamente
Mientras yo te regalo palabras en ramillete
Para que así, cuando estés en las calles de Londres o París
Te acordés del libro, el árbol y de mí,
De las margaritas que solías deshojar mientras yo te deshojaba a vos
Del atardecer con el que te quedaste,
Y de que yo me quedé con vos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Conversando con un Habano

El día que me muera quiero que me quemen con un ramo de claveles rojos en mi pecho y un diente de león en mi mano izquierda, bien vestido, con esa loción que tanto le gustaba a mamá; y que mis cenizas sean lanzadas al aire para que se mezcle entre todo, para que todos me respiren, para que todos tengan un poco de mi tal como yo tengo un poco de todos.Mientras tanto, pensando con un habano en la mano y el humo en mi cara, me doy cuenta que no debí nacer en esta época, que uno de mis deseos es escuchar a Gardel sonando en un elepé mientras me quito el sombrero y leo en el periódico el revuelo que desencadenó la muerte de Gaitán. Sueños, sueños. Deseos lóbregos, oprobios, filáticos.

A mis dieciocho, quiero vestirme con cargaderas, coger mi guitarra e irme en compañía de Amelia a tocar tangos en el centro mientras la gente pasa indiferente, mientras nos escucha el que vende tinto, el que lee poesía urbana y el que embetuna los zapatos, mientras ella conversa con su Malboro, mientras yo cruzo miradas con un par de caras que quiero, mientras los buses pasan, mientras atracan a la señora que estaba parada en la esquina, mientras un par de enamorados se dan un beso al son del bandoneón en medio de la plaza, mientras sigue siendo Medellín.

A mis veintiuno quiero estar con Sofía en lo más alto de la torre Eiffel dándonos un beso por previo acuerdo, viendo los techos parisinos, el viento golpeando nuestras caras; quiero caminar por aquellas calles donde la humanidad se hizo, donde las revoluciones han funcionado, donde la libertad primó, donde los estudiantes hacen huelgas sin tintes terroristas, donde se pensó, donde se lloró, la capital de la humanidad a mi concepto. Quiero ir a Versalles a pasearme por los jardines donde María Antonieta se peinaba y sentir su aura que aún se pasea reclamando lo que le fue arrebatado; Paris, Louvre, Arco del Triunfo, Eiffel, amor, olor a perfumes estilizados que quieren esconder ese aroma a sangre que aún tienen sus calles.

Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos. Estar andando en bicicleta entre los puentes de Ámsterdam, entre el barrio rojo, entre los cafés y la gente; negarme a una proposición indecente de una vendedora de caricias argentina que me estaba mandando sonrisitas coquetas; sentarme con Gloria en el Central Park para ver las hojas amarillas del otoño caer, conocer Barcelona montado en un taxi, andar en una Vespa por todo Roma. Sueños, sueños. Infinidad de deseos lóbregos, oprobios, filáticos.

Mientras tanto, mi único deseo es no volverme a enamorar, conseguirme otro tabaco, que la tarde de mañana sea como la de hoy, que alguien guarde bien mi guitarra cuando ya no esté para tocarla, que el periódico aparezca una esquela mortuoria que diga “requiéscat in pace”, y que mis manuscritos sean la razón por la que me recuerden, porque ellos son lo único que de mí quedará, manuscritos que, como este escrito, no tienen punto final