lunes, 31 de enero de 2011



"Y hoy le canto al amor,

al amor loco,

amor de mi por vos y de vos por otro,
amor de un encuentro,
amor bendito,
amor en bruto,
amor de una vida
o de un minuto".
- Nach Scratch

sábado, 29 de enero de 2011

"Yo no tengo pelos en la lengua". Y es que viste alguna vez a alguien rasurándose la lengua?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Uno. Sol.

No sabría decir si la resaca de hoy es de licor o de amor, digamos entonces que para mí se siente muy parecido, es el mismo desdén por la vida, el mismo temblor de mis dedos para agarrar el vaso, el mismo aliento a cigarrillo y el mismo color de ojos afectados por la sangre inyectada allí.

Claro, predecible es que cuando me miré al espejo tenía la sonrisa empapada de las ganas que aún tenía por Isabel y aguantándome las ganas de un vómito que apareció inminentemente un minuto después. Sorprendente es que aún ahí no había bajado de esa nube donde ella me tenía jugando a ser Dios (espero a Dios no le importe, espero Dios no me lea). La golpiza la sentí cuando le escupí a mi reflejo una saliva fragmentada, efervescente como el Alka-Seltzer que tenía servido hace rato; cuando la sonrisa se me desdibujó y dije: “Mierda, volví a perder”.

Hoy es un Sol, un Sol brillante, pero un Sol menor.

Todo me parece ya tan estúpido como yo, estúpida la idea de otro diario con mis debilidades, estúpida la sensación de ser el más miserable de todos, aún sabiendo que hay muchos peores que yo; estúpido tener la certeza que fueron mis errores los que me tienen así, y estúpido ese sol que no sé por qué brilla tanto hoy: si por una burla hacia mí, o por si fue lo mejor, o si me esperan cosas mejores (teniendo también la certeza de que a ella le pasarán cosas mejores) o si es la calma tensa de la que tanto hablo antes de la tempestad, o si simplemente no significa nada y yo estoy muy mal.

Ella me advirtió al principio que no la amara, y yo como buen idiota la amé, o la amo, no sé.

Prefacio.

Todos lo sabíamos, ¿Cierto?
Todos sabíamos que volvería aquí, a páginas oscuras cargadas de tristeza como los naranjos en verano; lo que nadie se suponía (ni siquiera yo, debo admitir con desazón de ese que te parte el corazón en pedacitos pequeñitos) es que sería tan rápido.
Esto es todo lo que tenía por decir hoy, no sin antes hacer hincapié en los tragos que bebí esta noche pensando en ella, pensando en el sabor que traen esas copas plásticas y esa cerveza de etiqueta roja, ese amargo que me parece dulce cuando lo contrasto con la mezcla de sus dos lágrimas, las tres mías, y ese sollozo final que solté después que el taxi dio vuelta en la esquina.
Yo no quería otra historia para acá, pero bueno, no se trata aparentemente de lo que yo quiera, y sin más ni más, por ahora dejemos descansar el sueño del amor, por ahora soñemos solo a ser Nobel de paz.

Como es nuevo para mí, decidí terminantemente el método para ella, no solo porque dejo los cambios repentinos de tercera a primera persona (sin dar a fácil comprensión si se trata de una carta dirigida o un memorial de agravios catártico) sino porque también planeo hablar con nombre propio, sin esconder ni maquillar solapadamente lo que pasó (eso es porque por primera vez, no me arrepentí). Eso sumado a otros tantos deseos de cambio que me vayan surgiendo o que ya lo hicieron pero a los que no me puedo comprometer, como es el caso de la rima, pero esa es una pantomima mía que muy difícilmente pueda erradicar.

viernes, 6 de agosto de 2010

Fin.

Matémoslo hoy… si… igual está moribundo.
Que pereza ser tan clichesudo, hay que matarlo, hay que matarme y matarte, Laura.
Ésta vez sí es de verdad, no voy más, terminó.
Hoy es el final del memorial de decadencia de Pablo, y el final de Pablo mismo.
Sin descartar nada ni nadie, un último solecito, un último cigarrillo, un último tintico…
Buena suerte a todos, chau, adiós (...)

miércoles, 4 de agosto de 2010

Hierba Hervida.

Y yo acá plantado, como una casa sin cama, o como una cama huérfana de casa que espera a que alguien se acueste en ella o siquiera le ponga un par de almohadas de compañía…
Fúmate una hierbabuena, préndele candela al colchón.
Me sacudo como un perro recién mojado,
Me curo las heridas con alcohol etílico no físico y cual futbolista después de una caída fuerte,
Hago teatro en el suelo, me sobo la pierna, me paro, cojeo, pero finalmente llega el heroísmo y vuelvo a jugar.

Mente en blanco, sin mente, tentado por oler de ese talco de Dios que acá en Medellín abunda como la lluvia y que por cierto es blanco.
Blanco como aquellas zapatillas,
Blanco como las florecitas,
Blanco como las nubecitas.

Con los ojos abiertos, el pasado está sobrepasado, hoy solo hay bendiciones, buenos augurios, nuevos comienzos, futuros anónimos y esos celos que les tengo a los pájaros que andan volando sin preocuparse por ningún Dios.

Hoy solo soy yo, la hierbabuena, el colchón que quiero quemar, la 65f, el septiembre, el gemido de los autos, el futuro anónimo, un nuevo había una vez, un nada de descartar, un solo despertar, una nueva introducción, un nuevo hola, ¿Como te llamás?

lunes, 26 de julio de 2010

Entre la Sinestesia y el Vicio.

Pablo lleva ya cerca de un año vagando, divagando y hablando en gerundios inconclusos en mañana o en cuando pueda, en cuando deba o cuando quiera. Ésta vida no le importa de a mucho, no quiere más que caminar con su fiel soledad, su Laura, por allí por calles angostas que huelen a 17 de diciembre o a 15 de febrero mientras olvidan juntos el julio de este año que como para variar no le sentó bien.
Anoche Pablo llegó a casa.
Anoche Pablo encontró la casa sola.
Anoche Pablo compró cigarrillos.
Anoche Pablo se fumó sus cigarrillos
Anoche Pablo siguió embriagándose
Anoche Pablo vomitó, y luego intentó llorar para no perder la costumbre.
Anoche a Pablo no le salió ninguna lágrima, cosa que ya es costumbre.
Anoche Pablo se sentó a mirar las lucecitas de la ciudad bailando como luciérnagas, dándole la espalda a lo que pasó por provocación u omisión;
Espalda como la tuya con la piel avícola, que se contraía y expandía,
Afectada con la rubefacción provocada por la manga que arrancabas con una dicha implícita, mientras volvía y se contraía al amaño de mi portaminas que bailaba al son del silencio, ese mismo portaminas con el que ahora escribo.

Me escribo, te escribo.
Sabiendo sin querer saber que me leerás y te leerás, y que toda apreciación que tengas la callarás, cosa que agradezco porque la gente que habla mucho la detesto,
Tanto como detesto este portaminas made in china
Igual que los zapatos que traía ese día,
Zapatos que me quité mientras estabas encima
Y que quisiera se me extraviaran bajo tu cama.

Pero no más, ahora este mancebo camina por calles llenas de mancebías con nenas fáciles de esas pecosas voluptuosas y pelinegras mientras en mi cabeza retumba la canción de los buenos borrachos.
En estos tiempos donde el hipérbaton se confunde con solecismo, no queda más que andar con mi alter ego, parpando argot, ensimismándome, sumando restas, pues mi miseria es mía y eso nadie me lo quita.
Ahora mi supuesta soledad está supuesta a los días donde tachaba los días en el calendario, esperando esperar… ahora después de mi supuesto sin vos sigo y seguiré con vos, sin suponer supuestos, ahora sin revivir mi pasado y sin condenarte a morir para mí en él.

“el aniversario de la soledad.
La liturgia de las despedidas
la bala perdida que viene por mí,
la nostalgia que amarga la huida,
la banda sonora de lo que viví.”


Ahora no queda más que cerrar mis ojos medio rotos por otro supuesto fracaso más para la lista y volver a comenzar.

-Hola, soy Pablo… Y vos futuro, ¿Cómo te llamás?